viernes, 16 de diciembre de 2011

Y SIEMPRE LO SERÁN

     La decisión adoptada por la Mesa del Congreso respecto de no otorgar grupo parlamentario al brazo político de ETA se debe única y exclusivamente a voto favorable del partido mayoritario, el Partido Popular. El PSOE se abstuvo y los nacionalistas independentistas catalanes de CiU, también. Por supuesto, se debe también al cumplimiento estricto de lo que ordena la ley para casos semejantes, esto es, un imperativo legal de obligado cumplimiento.
     Hasta aquí se pueden deducir y realizar diversas consideraciones. De menos a más. La abstención de CiU se enmarca dentro de su estrategia de marcar diferencias con el Estado en materia de sus deseos independentistas, algo que les une ideológicamente con los de AMAIUR. Lo del PSOE es una indignidad más, una bofetada más a todas las víctimas de ETA, por las que en tiempos mataban mediante los GAL y ahora se revuelcan en el mismo colchón de la negociación política, intentando inútilmente recoger las nueces electorales que los ciudadanos, más bien mirando a lo económico que a la indecencia moral que supone sentarse a la misma mesa y ponerse a la misma altura el Estado y una banda terrorista, les han negado abrumadoramente en las pasadas elecciones generales. Un gesto más en el proceso de desintegración total por el que pasa un PSOE derrotado por sus propias traiciones, por sus innumerables mentiras a la ciudadanía y por su repugnante inmoralidad ya demasiado asumida por sus propios dirigentes políticos.
     El Partido Popular ha tenido la primera ocasión de poner en práctica la promesa de Mariano Rajoy respecto de la estrategia antiterrorista realizada durante la campaña electoral, aplicar la ley y el Estado de Derecho. Esta es sin duda una buena noticia que deberá verse refrendada con otras iniciativas que conduzcan a regresar a la situación existente antes de que el 11 de marzo de 2004 un atentado colocase en el poder a un Rodríguez Zapatero que ha cometido fechorías sin fín desde entonces y desde antes, firmando con una mano el pacto antiterrorista y la Ley de Partidos, mientras con la otra negociaba con los asesinos, siendo aún jefe de la oposición. En este sentido se hará  muy necesario el apoyo del otro partido de carácter nacional que ha asumido el espacio político al que ha renunciado el PSOE, esto es UPyD, que ayer presenta una proposición no de ley para que el nuevo gobierno inicie la tramitación para ilegalizar BILDU y AMAIUR, ambos pertenecientes al brazo político de la organización terrorista, según prueban innumerables documentos de la Guardia Civil y Policía Nacional, que sirvieron para propiciar la sentencia del Tribunal Supremo al respecto y que posteriormente vulneró de manera vergonzante el Tribunal Constitucional, haciendo valer la mayoría de magistrados colocados al efecto y al afecto por el PSOE.
     Y es que nadie en su sano juicio moral podrá negar que AMAIUR, BILDU, EUZKAL HERRITARROK O HERRI BATASUNA forman parte del mismo entramado de representación política de la banda asesina. Y quienes han obtenido actas de concejales o diputados respaldan la ejecución de casi 1.000 españoles. Y lo hacen ayer mismo cuando el sujeto ese que estrechó la mano del Rey se negó posteriormente por 3 veces a condenar los crímenes de ETA. ¿Cuántas pruebas más hacen falta para regresar al pasado? ¿Seremos capaces de asumir que la única opción posible tratándose de vencer a una banda de asesinos que desafían a sangre y fuego a la democracia es la absoluta exterminación de los criminales, mediante la aplicación estricta, sin concesiones de ningún tipo, de la ley y el Estado de Derecho?
     Por cierto, no comparto en absoluto la recepción que vomitivamente hemos tenido que soportar del Rey con el gudari de AMAIUR, pues existían otras formas, que sin saltarse la legalidad, podrían haber evitado el roce físico de la monarquía, que representa a todos los españoles, con semejante alimaña. Pero por otra parte Su Majestad debe estar ya muy arrepentido de haber apoyado la negociación política del gobierno socialista con los criminales que cometieron masacres como las de Hipercor, Zaragoza, Vic o Vallecas, sin olvidar sus intentos frustrados por las Fuerzas de Seguridad del Estado de realizar atentados en las estaciones de tren anteriores al 11-M, cuya posible participación ha quedado sin demostrar debido a la manipulación de la Policia politica de Rubalcaba, que trufaba el Ministerio del Interior dirigido por Ángel Acebes en aquellos tiempos de infausto recuerdo.
     Espero y deseo, por el bien de nuestra nación, que los dirigentes de mi partido, el Partido Popular, nunca olviden a nuestros compañeros asesinados por las balas y las bombas de la organización asesina ETA, pues asumen una gran responsabilidad moral respecto de las víctimas de los malnacidos que acabaron con sus vidas de la manera más vil y cobarde, valiéndose de su entorno político con diferentes denominaciones para apuntar y señalar en la diana a quienes luego abatirían los de las pistolas. Sólo resultará efectivo el regreso a la estrategia antiterrorista real que representó el gobierno de José Mª. Aznar, asumiendo los riesgos de vuelta a los atentados por parte de quienes hace unos días anunciaron una falsa tregua definitiva para favorecer sus propios intereses y los de quienes se habían sentado a la misma mesa de negociación, los Rubalcaba, Zapatero, Eguiguren y demás indignos y rastreros representantes políticos socialistas, que han ensuciado el nombre de insignes hombres de izquierdas también asesinados por la sangrienta serpiente etarra, véase Fernando Buesa o Fernando Múgica, o políticos de gran talla como Nicolás Redondo Terreros, que representaron a la perfección la defensa de las libertades y su compromiso desde la primera linea con el Estado de Derecho y el cumplimiento de la ley.
     Y es que da igual como se vistan, donde hablen o vomiten su asqueroso mensaje de terror y muerte, con quien pacten o como se denominen. Son asesinos, cómplices, terroristas, criminales, da igual si empuñan o no las armas, si se sientan en un parlamento o en un salón de plenos. Lo son y siempre lo serán, que nunca se nos olvide, porque si esto sucede, si no recordamos cual es su naturaleza, ellos nos lo recordarán cuando menos lo esperemos, con sus habituales métodos asesinos.