miércoles, 2 de marzo de 2011

SOCIALISMO, LA GESTIÓN DE LA MISERIA

      Escucho a Pedro Castro, alcalde socialista de Getafe y presidente de la Federación Española de Municipios y Provincias (FEMP), tratar de explicar lo necesario, lo urgentísimo, casi lo crucial que es cambiar todas las bombillas de alumbrado público de las calles de nuestro país y ya ni siquiera se me escapa una mínima sonrisa, una mueca de sorpresa, nada de nada. Es una más de las medidas salvadoras de ultimísima hora que este régimen socialista de ZP y sus secuaces ha parido, en este vano intento de tapar las numerosísimas vías de agua que hunden a pasos agigantados esta gran nación, otrora faro de Europa y hoy cola y lastre de la fallida Unión Europea.

     Resulta de un patetismo casi cómico escuchar al ineducado y faltón edil getafense justificar el cambio de las bombillas, la disminución de la velocidad de los vehículos, la posible propuesta de una nueva prohibición, la de circulación de los coches según matrícula par o impar, o el simple tono de su voz, imbuida de dramatismo, de la sorpresa de quien acaba de descubrir una situación casi límite, como si antes de hoy, de ayer, de antes de ayer, no hubiese nada que le hubiera hecho sospechar que algo no funcionaba bien, que los fallos en el sistema nos empujaban hacia el abismo.

     Desde que los libios se cansaron de estar sometidos al salvajismo de Gadafi, en España nos han crecido los enanos casi cada hora, cada boletín informativo, cada telediario, pues este gobierno acabado, este gobierno desnortado, este gobierno irresponsable ha decidido que era el momento de tirarse por la ventana sin paracaidas ni lona ni siquiera una sábana que amortiguase la caida. Claro que no son ellos los que sufren las consecuencias directas de sus gestiones pésimas, de sus previsiones electoralmente interesadas y falsas, son los ciudadanos, si los ciudadanos que han estado en su boca un día si y otro también, la ciudadanía, ciudadanía educada para ser una buena ciudadanía, una ciudadanía adoctrinada, aborregada, plegada a las consignas del nuevo orden que nos restriega desde hace 7 años el gobierno de Rodríguez Zapatero.

     Y se atisba el fin del Proyecto, del Régimen proyectado de Zapatero, de tantas dislocaciones de la nación española en pos del nuevo estado de las ideas. Se adivina, por abatimiento, por hastío generalizado, por pobreza común y porque los votantes de adhesión socialistas se van a abstener, porque ya no pueden justificar la gestión de la miseria que ha perpetrado de nuevo en España el PSOE, se presupone el cambio hacia un nuevo gobierno que genere la confianza necesaria para reconstruirnos y estabilizar este barco que está hundido de proa a popa. Para que esto suceda sólo hará falta volver a reeditar el llamado milagro español, aquel que nos desenterró de la miseria que atenazó España en los 14 años de gobierno socialista de Felipe González.

     No se trata de alcanzar mediante la ideología objetivos que laminen la libertad de los ciudadanos, que restrinjan, que prohiban, que coarten, que limiten. Se trata de gestionar por y para el bienestar de los administrados, de los paganos, de los que cada día se impulsan por y para si, para sus familias, para la generación de trabajo y de riqueza, para una vida digna, sin pretensiones de ocupar palacios ni yates, ni casas de 4 plantas en cualquier isla paradisiaca. Consiste en realizar justo lo contrario a las propuestas del socialismo que es, ha sido y será sinónimo inseparable de miseria, de pobreza, de indignidad, de ideología sectaria. Y es que el socialismo es la definición práctica de cómo gestionar la miseria, como llevarla a todos los hombres y mujeres, a cada familia, a cada joven que busca escribir libremente su proyecto de vida. Eso es el socialismo y en en esa fosa hemos vuelto a caer. Una vez más, sin querer evitarlo aún pudiendo, sin pararnos a reflexionar, a valorar a donde nos llevarían nuestras soberanas decisiones.

     Zapatero ha impulsado para sus administrados un proyecto plagado de ideología, pleno de sectarismo infame, de persecución a las raices de nuestra nación, de memoria histórica parcial, de reparto de fondos públicos entre sus sindicatos, entre los adláteres del socialismo cultural, entre quienes él considerase los más adecuados para llevar a cabo su Proyecto, su Cambio Histórico y este es el resultado final. Hay que cambiar todas las bombillas de España.

     Hoy yo soy más pobre, mi familia también lo es, mis amigos están algunos en paro, y esto es demasiado evidente para ser una opinión interesada. Solo el pasado año me bajaron el sueldo un 5%, a pesar de que el ayuntamiento para quien tengo el orgullo de trabajar, el gobierno municipal para el que me honro servir profesionalmente, no debe un solo euro a ninguno de sus funcionarios, ni proveedores y la empresa pública municipal de la que soy máximo responsable desde mi puesto de Director General de la misma ha tenido superavit en los 2 últimos años. Y sin embargo, a pesar de haber gestionado según criterios de bienestar del ciudadano, de  administrar con el máximo cuidado cada euro de quienes con sus impuestos sustentan nuestra ciudad, yo soy mucho más pobre que cuando hace tres años Manuel Pizarro advirtió en un debate con el entonces ministro de Economía socialista, Pedro Solbes, que España se sumía en una crisis brutal, que si no se atajaba con medidas contundentes desde aquel momento, nos lastraría al abismo, como así ha sido.

     No es justo, no es justo, no lo es. Hemos hecho nuestro trabajo de la mejor manera posible, de la forma más honrada, hemos gestionado para el superavit, para no lastrar la economía de nuestra ciudad, de nuestra comunidad autónoma, de nuestro país, y sin embargo nos hemos topado con la desesperante gestión de la miseria, con la vuelta atrás de España, con las siglas de la pobreza y del paro, de la inflación, de las que pudimos probar años atrás y hemos vuelto a saborear en estos últimos años, con el peor error de la Historia en los últimos 100 años, pero ya se sabe que el hombre suele tropezar con la misma piedra 2, 3 y muchas más veces. El socialismo, la gestión de la miseria. Nosotras parimos, nosotras decidimos.

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