lunes, 8 de marzo de 2010

La vida de los linces

     He pensado acometer la siguiente acción, para realizar una serie de comprobaciones científicas, que me tienen sumido en las dudas y el desasosiego: desplazarme hasta una de las zonas de cría del lince ibérico, allá por la Sierra Morena. Capturar uno de esos bellísimos y muy valiosos ejemplares, de género femenino y en estado de gestación de 12 semanas. Proceder a anestesiarle, y con un aspirador introducido por su aparato reproductivo, succionarle el pequeño ser vivo que lleve en su vientre. Posteriormente analizaré si los restos extraidos son de lince o de ser vivo sin más. Así saldré de dudas, y posteriormente huiré a toda velocidad del lugar. Si tengo la mala fortuna de toparme con una patrulla del SEPRONA, seré de inmediato detenido y puesto a disposición judicial por atentado contra especie en grave peligro de extinción, por lo que posteriormente seré condenado por infracción muy grave de la Ley 9/1999, de 26 de mayo, de Conservación de la Naturaleza, con sanción prevista máxima de hasta 1 millón de €. Si con los que me encuentro es con miembros de alguna asociación ecologista, todas ellas de marcada tendencia "sandía" (verde por fuera y rojo por dentro) posiblemente seré linchado allí mismo, sin más.

        En vez de dar por concluidas mis elucubraciones sobre el lince y, teniendo en cuenta que mi analfabetismo no se acerca afortunadamente ni de lejos al de la ministra Aido y reconozco que la vida comienza para cualquier ser vivo en el momento de la fecundación, y lo hace con la identidad propia de la especie a la que pertenece, decidí unirme junto con mi familia a la manifestación contra la Ley de Aborto Libre, de reciente aprobación por el gobierno de ZP y de no menos reciente sanción por parte del Rey Juan Carlos I, muy contradictorio este último hecho si tenemos en cuenta la adscripción católica del monarca, que ha dejado pasar una oportunidad única de engrandecer su figura por siempre entre una sociedad española que mayoritariamente apuesta por la vida, sea o no creyente, como ha dejado claro con la expresión del pueblo en la calle en las numerosísimas manifestaciones que se han desarrollado en los últimos años, tras la continua agresión a la que ha sometido el gobierno de España a las familias y fundamentalmente al no nacido.

       En la manifestación de ayer concurrían alegres las familias, a pesar de la terrible desazón de imaginar los 150.000 muertos que nos costará anualmente el transformar un execrable delito como el aborto en un derecho de la mujer...de la mujer que por encima de todo opta por endiosar su propio egoísmo eligiendo dar muerte a su propio hijo antes que afrontar una de las circunstancias inevitables de la vida, y más concretamente de la condición femenina como es la maternidad. Y es que el gobierno socialista ha conseguido diseminar en la sociedad la idea de la maternidad como un obstáculo, como una lacra o como un problema, para el que ellos, convertidos en adalides de los derechos civiles, han encontrado rápida y efectiva solución. 

       Pues no en vano, las inefables y muy analfabetas ministras socialistas han hablado del aborto como "la manera de evitar embarazos no deseados", o sibilinamente pretendiendo no dotar de la condición humana al feto de menos de catorce semanas, pues según Aído "es ser vivo pero no humano". A semejante imbecilidad no cabría concederle mayor comentario de no ser porque finalmente, y tras la celebración pública de las ministras, felicitándose como si hubieran logrado el mayor de los éxitos de su vida, esta abyecta afirmación va a suponer dar vía libre al crimen, al asesinato, a la eliminación sistemática de seres humanos, que no podrán tener el derecho a la vida, que la Constitución les otorga, por no haber superado el lapso de tiempo en el que por arte de ley socialista un ser vivo pasa a ser un ser humano.

        Aunque ese ser humano de más de catorce semanas estará de igual modo condenado a muerte en el supuesto de que algo no haya funcionado correctamente y sufra una malformación o se presuma que puede estar afectado por el Síndrome de Down, motivo por el que se le podrá dar muerte hasta cinco minutos antes de nacer, en pos de la pureza de la raza y del ahorro presupuestario que supone para el Ministerios de Sanidad y Asuntos Sociales, pues no tendrá que mantenerlo cuando falten sus padres. Esto, por cierto, ya lo practicaron los nazis, aunque he de reconocer que no tan finamente, pues nada tenía que ver con la Salud Sexual y Reproductiva y no se le llamaba Interrupción Voluntaria del Embarazo.

        Bien, luego está el tema de las cifras de manifestantes y estupideces semejantes al servicio del gobierno sectario de ZP, que parece haber encontrado en la agencia LYNCE un estupendo medidor de aglomeraciones humanas de los extremistas católicos y demás lindezas, pues ayer, sin cansarse estos de LYNCE de hacer el ridículo, dieron con su habitual ojo de idem, 9.236 personas en la Marcha por la Vida de Madrid. Yo creo, y se me escaparon dos grupitos que había en Carretas esquina Sol, que por lo menos eran 9.287.

            La cuestión del aborto jamás se podrá considerar un derecho, lo diga la ley o el sursum corda. Es este un hecho indubitable en cuanto a su calificación: homicidio o mejor, dada la intencionalidad, asesinato en primer grado. No caben medias tintas. O se prefiere la vida o se defiende la muerte. No hay medidor de semanas pues no existe ninguna posibilidad de demostración científica que avale que un embrión no tiene condición humana desde el momento de la fecundación, si existe la certeza en lo contrario. Un embrión representa a su especie desde el inicio de su existencia, sea de lince, de delfín o de gorrión. Y quien defiende la egoista causa del aborto me da un motivo suficiente para sentirme, al menos en este aspecto, muy superior en lo moral y en lo ético. Yo no tengo dudas en este sentido, quienes defendemos la vida estamos reconociendo la autenticidad de un mensaje claro y rotundo: EL ABORTO ES SIEMPRE UN CRIMEN DELEZNABLE QUE ABOCA A LA HUMANIDAD A SU PROPIA AUTODESTRUCCIÓN. Y para esto, no hay que tener un especial ojo de lince...

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